Cuando estaba en la escuela secundaria, nuestro profesor de gimnasia nos preguntó quién pensábamos que era el profesor más inteligente de la escuela. Nombramos a un profesor de química, a un profesor de trigonometría y álgebra, a un profesor de física, etcétera. Y él dice: "No, soy yo, porque gano lo mismo que estos tipos que juegan al balón prisionero todo el día".